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Pesimismo a la hora de invertir

Actualizado: 12 jul


En el mundo de las inversiones, la tendencia general del inversionista promedio es

la de mantener un enfoque optimista, centrado en las potenciales ganancias y el

crecimiento de sus inversiones, pero este enfoque, cuando las cosas salen mal,

termina siendo contraproducente.




Hoy te voy a proponer algo distinto, te voy a proponer adoptar una perspectiva

pesimista antes de realizar cualquier tipo de inversión y te intentaré explicar como

esto puede ser una estrategia prudente y beneficiosa en el largo plazo. Aunque

parezca contradictorio, el pesimismo, cuando se aplica de manera informada y

equilibrada, puede ser un aliado crucial en la toma de decisiones de inversión.


Y esto es lo que busco que mejoremos, el proceso de toma de decisiones. Que

no caigamos en el error de juzgar las decisiones solo por su resultado, si no que

seamos capaces de analizar decisiones independientemente de su resultado y con

un enfoque en el proceso que se llevo a cabo para tomarlas.


Es fundamental entender que el pesimismo en las inversiones no se refiere a un

enfoque negativo o derrotista, sino más bien a una forma de realismo cauteloso.

Una postura de planear escenarios de contingencia y de error.


Este enfoque se centra en la identificación y el análisis crítico de los riesgos

potenciales (tema central de estos análisis), en lugar de centrarse únicamente en

los posibles beneficios. Esta perspectiva puede ser especialmente valiosa en

mercados o industrias que sean inherentemente volátiles y sujetos a una variedad

de factores impredecibles, como la economía global, las condiciones políticas y las

tendencias del mercado.



El pesimismo informado obliga a los inversionistas a realizar una diligencia

exhaustiva. Esto significa analizar detenidamente no solo los aspectos positivos de

una inversión, sino también comprender profundamente sus riesgos.


Por ejemplo, si invirtieras en acciones, un enfoque pesimista podría implicar evaluar

cómo factores externos o fluctuaciones en el mercado, podrían afectar

negativamente a una empresa y, por extensión, a su rendimiento y/o precio. Al

adoptar un enfoque más crítico y escéptico, puedes evitar decisiones precipitadas

basadas en el entusiasmo o en proyecciones excesivamente optimistas.

Preguntarte que harías si vieras una perdida del 50% en “x” inversión es una manera

de empezar a comprender si estas siendo demasiado optimista.


Ser pesimista antes de invertir puede fomentar una gestión de riesgos más eficaz.

Los inversionistas que contemplan los posibles resultados negativos tienden a ser

más conservadores en su asignación de activos. Esto puede llevar a una

diversificación más efectiva, la cual es esencial para mitigar riesgos.


La diversificación se basa en no poner "todos los huevos en una misma canasta",

lo que es coherente con una perspectiva pesimista que reconoce que no todas las

inversiones rendirán según lo esperado. Por ejemplo, en un mercado en declive,

una cartera diversificada puede proteger mejor el capital del inversor que una

cartera fuertemente inclinada hacia un solo tipo de inversión.


Ser pesimista antes de realizar una inversión no significa esperar lo peor, sino

estar preparado para ello.


Consideremos dos ejemplos prácticos donde un enfoque pesimista puede proteger

a un inversor de situaciones financieras adversas.


1. Inversión en startup: Supongamos que esta empresa de tecnología

promociona un nuevo producto innovador y hay entusiasmo en el mercado

sobre su potencial. Alguien optimista podría centrarse únicamente en el

enorme potencial de crecimiento y en la posibilidad de altos rendimientos,

invirtiendo una parte significativa de su capital en esta única empresa. Sin

embargo, un inversor con una perspectiva más pesimista evaluaría

minuciosamente no solo el potencial de la empresa, sino también los riesgos

inherentes. Este enfoque podría revelar que la empresa enfrenta una intensa

competencia, que el producto aún no ha sido probado en el mercado o que

la compañía tiene una estructura de capital frágil. Al considerar estos

factores, el pesimista podría decidir limitar su exposición a esta inversión o

incluso evitarla por completo, protegiéndose así de una posible pérdida

significativa si la empresa no cumple con las expectativas del mercado.


2. Inversión Inmobiliaria: Imaginemos un escenario en el que estás

considerando comprar una propiedad en una "zona de moda" donde los

precios han estado subiendo. Un enfoque optimista podría llevar al

inversionista a comprar la propiedad con la expectativa de que el valor

seguirá aumentando. Mientras que un inversionista con un enfoque pesimista

examinaría detenidamente la situación del mercado inmobiliario, incluyendo

la posibilidad de una burbuja inmobiliaria. También evaluaría factores como

las tendencias demográficas, las políticas de zonificación y la estabilidad

económica de la región. Este análisis podría revelar que el aumento de los

precios es insostenible o que hay planes para nuevas construcciones que

podrían afectar negativamente el valor de la propiedad por un posible exceso

de oferta. Al tomar en cuenta estos riesgos, el pesimista podría decidir no

realizar la compra, evitando así una posible inversión en un mercado

sobrevalorado que pronto podría experimentar una corrección de precios.


Recordemos siempre que; enfoque pesimista, centrado en la evaluación crítica y el

análisis de riesgo, puede prevenir decisiones de inversión que podrían resultar en

pérdidas financieras significativas.


Diego Alcalá

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