La era de las quiebras
- Diego Alcalá
- 17 nov 2025
- 5 Min. de lectura

Hace una década, una quiebra empresarial hacía noticia. Hoy, las quiebras se han vuelto tan comunes que apenas merecen un párrafo en las secciones financieras. Lehman Brothers en 2008, Silicon Valley Bank en 2023, FTX el año anterior, Credit Suisse absorbido por UBS tras décadas de existencia. La lista sigue creciendo con una frecuencia que debería inquietarnos. No estamos ante eventos aislados, estamos viviendo en lo que podríamos llamar la era de las quiebras.
Este patrón no es coincidencia. Las crisis financieras, que antes ocurrían cada varias décadas, ahora se presentan con ciclos cada vez más cortos. La pregunta no es si habrá otra crisis, sino cuándo llegará la siguiente. Y más importante aún: ¿estamos preparados para un sistema financiero que parece diseñado para colapsar periódicamente?
Las quiebras contemporáneas comparten características distintivas que las separan de las crisis del pasado. En primer lugar, la velocidad. Lo que antes tomaba meses en desarrollarse ahora sucede en días o incluso horas. Silicon Valley Bank, por ejemplo, colapsó en menos de 48 horas una vez que comenzó la corrida bancaria (bank run). La tecnología que prometía hacer más eficientes los mercados también amplificó su capacidad destructiva.
En segundo lugar, la interconexión global significa que las crisis ya no se contienen geográficamente. Cuando Credit Suisse tambalea, los mercados asiáticos tiemblan. Cuando FTX colapsa, inversionistas en todo el mundo pierden sus ahorros. Esta conectividad, que en tiempos normales facilita el comercio y la inversión, se convierte en un mecanismo de contagio durante las crisis.
El tercer factor es menos evidente: la normalización del riesgo excesivo. Las tasas de interés artificialmente bajas durante más de una década crearon una generación de inversionistas y empresas acostumbradas a financiamiento barato. Como dice Ray Dalio: "Cuando el dinero es gratis, la gente hace cosas estúpidas con él". Y efectivamente, se hicieron.
¿Por qué las crisis son cada vez más frecuentes? La respuesta esta en tres factores estructurales que han transformado el sistema financiero global. Primero, la velocidad de la información y las transacciones. Los algoritmos de trading de alta frecuencia pueden ejecutar miles de operaciones por segundo, amplificando tanto las ganancias como las pérdidas de manera exponencial.
Segundo, el apalancamiento sistemático se ha vuelto más sofisticado y más opaco. Los instrumentos financieros derivados, que en 1990 representaban unos pocos billones de dólares, hoy superan los 600 billones globalmente. Este laberinto de posiciones interconectadas significa que el riesgo se ha distribuido de maneras que ni los reguladores comprenden completamente.
Tercero, la concentración de riesgo en pocas instituciones sistemáticamente importantes ha creado un efecto "demasiado grande para quebrar" que paradójicamente incrementa el riesgo sistémico. Los bancos centrales, conscientes de esto, mantienen políticas monetarias que funcionan como parches y que postergan pero no eliminan las crisis.
El sistema financiero opera bajo una premisa: que los mercados son inherentemente eficientes y autorregulados (risas). Esta creencia ignora una realidad que cualquier inversionista experimentado conoce: los mercados son emocionales, volátiles y propensos a burbujas. Son todo menos racionales. ¿Qué tiene de racional que Sydney Sweeney se ponga unos Jeans y una acción suba 19%?
Nassau Taleb dice que: "La fragilidad es la característica de las cosas que se rompen bajo estrés". Nuestro sistema financiero, con su dependencia de modelos matemáticos que asumen distribuciones normales de riesgo, es frágil. Los eventos "cisne negro" no son aberraciones estadísticas, son características del sistema.
La centralización bancaria agrava esta fragilidad. Un puñado de instituciones controla la mayor parte del flujo financiero global. Cuando una de estas instituciones falla, las ondas se propagan instantáneamente. Es como si todo el sistema circulatorio dependiera de cinco arterias principales, cualquiera de las cuales puede bloquearse sin aviso. Spoiler: volverá a pasar.
La deuda global ha alcanzado niveles sin precedentes. Gobiernos, empresas e individuos están más endeudados que nunca en la historia. Esta montaña de deuda requiere crecimiento económico constante para mantenerse viable. Cualquier desaceleración puede desencadenar una cascada de incumplimientos en pagos.
En un escenario normal, donde las crisis continúan ocurriendo pero el sistema financiero básico se mantiene funcional, la protección requiere diversificación inteligente y gestión activa de riesgos. La primera línea de defensa debe ser liquidez. No hablo solo del típico fondo de emergencia de seis meses, sino de mantener entre 20% y 30% del patrimonio en efectivo o equivalentes líquidos.
Los activos refugio tradicionales siguen siendo relevantes. El oro, que ha preservado valor durante siglos de crisis monetarias, merece un lugar en cualquier portafolio. Los bienes raíces, particularmente en ubicaciones con demanda sólida, ofrecen protección contra la inflación y preservan valor real a largo plazo.
Mantener activos en diferentes países y monedas reduce la exposición a crisis localizadas. Un portafolio que incluya acciones en mercados desarrollados, bonos gubernamentales de países estables, y algunos activos alternativos puede capear la mayoría de las tormentas financieras.
Igualmente importante es mantener habilidades y fuentes de ingresos diversificadas. En la era de las quiebras, depender exclusivamente de un empleador o una fuente de ingresos es arriesgado. Desarrollar múltiples flujos de ingresos, actualizar constantemente las habilidades profesionales, y mantener redes de contactos proporciona seguridad que ningún activo puede ofrecer.
¿Qué pasaría si el sistema financiero no solo experimenta crisis cíclicas sino que colapsa? Este escenario, aunque extremo, no es imposible. La historia está llena de sistemas monetarios que parecían permanentes hasta que no lo fueron.
En un escenario de colapso, los activos físicos tangibles adquieren importancia suprema. Tierra productiva, metales preciosos físicos (no ETFs o certificados), y activos que generen recursos básicos se vuelven las verdaderas reservas de valor. Warren Buffett, durante la crisis de 2008, compró acciones de empresas ferroviarias precisamente porque el transporte de bienes seguirá siendo necesario independientemente del sistema monetario.
La descentralización financiera también se vuelve relevante. Las criptomonedas, específicamente Bitcoin, fueron diseñadas como respuesta al sistema financiero centralizado. Aunque volátiles y especulativas, ofrecen una alternativa al sistema bancario tradicional. Una exposición pequeña a activos descentralizados puede servir como seguro contra el colapso del sistema.
Los activos productivos locales son otro componente a considerar. Inversiones en empresas que proporcionan servicios esenciales a nivel local, tierras agrícolas, o incluso pequeños negocios en sectores básicos pueden generar valor real cuando los sistemas financieros complejos fallan.
Finalmente, el capital humano y social. Habilidades prácticas, relaciones y redes sólidas y conocimiento aplicable directamente a la generación de valor real son activos que ninguna crisis puede destruir.
Prepararse para la era de las quiebras no nos requiere paranoicos, nos requiere realistas y pragmáticos. Como dice el proverbio: "Espera lo mejor, prepárate para lo peor". En un mundo donde las crisis se han vuelto más frecuentes y severas, la preparación no es pesimismo, es prudencia en cierto sentido.
La respuesta está en construir portafolios y estrategias que funcionen en múltiples escenarios. Un enfoque que prospere solo en tiempos de bonanza está condenado al fracaso. Mientras que una estrategia que proteja el capital en crisis y permita crecimiento en tiempos buenos puede navegar cualquier entorno.
El objetivo no es predecir exactamente cuándo o cómo vendrá la próxima crisis, sino construir defensas robustas para cualquier eventualidad. En la era de las quiebras, la supervivencia financiera no es solo una meta, es un prerequisito para cualquier estrategia de crecimiento patrimonial.
Y tú, ¿Cómo te estás preparando para un mundo donde las crisis financieras se han vuelto la norma en lugar de la excepción?
Diego Alcalá, Director Operativo en Comprando América




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